 |

ATLAS DE GEOGRAFÍA HUMANA
Una película de Azucena Rodríguez
Interpretada por:
Cuca
Escribano, Montse Germán, María Bouzas, Rosa Vila, Alberto
Jiménez, …. |
|




 |
Texto:
Bálder Montesinos
Cuando voy al cine y me encuentro con una propuesta
excluyente dirigida únicamente a público masculino; ya sea peli para
niñatos con hormonas disparadas a lo American Pie, o una de
tortazos tipo Steven Seagal, donde la única mujer que aparece es la
rubia tetona que le desata en un momento apurado y le besa en la
última escena; lo normal es que me sienta ofendido por la limitación
de raciocinio que se presupone a mi género, y por excluir de entrada
y deliberadamente a la mitad de seres inteligentes que pueden
disfrutar de una película. Desconozco si esta percepción es
compartida por aquellas que acuden a ver Cine descaradamente
excluyente “por y para mujeres”.
Esta propuesta concreta, tumba de entrada desde el momento
en que deja caer al cuarto de hora, con apariencia de afirmación
seria e indiscutible, lo que no pasaría en una reunión de gente
medianamente culta de chiste tosco y sin gracia: un guaperas se liga
a una mujer de 40 años haciéndole ver su rendida admiración por ese
don de las féminas de ser capaces de pensar y hablar mientras comen;
habilidad que al parecer desconocemos los bípedos machos (!). Pero
tumba aún más, cuando repuestos del impacto traumático nos topamos
con que la película en realidad parece un artefacto netamente
machista que se propone desprestigiar de un modo sociológicamente
maniqueo a la mujer cuarentona de la España de los 2000. Con cuatro
arquetipos planos –a brochazos- que quieren ser fácilmente
reconocibles por el público, nos encontramos ante las cuatro señoras
protagonistas: carentes de ningún encanto aparente, divididas y
puñeteras entre ellas, cuyo único sentido y motor en sus vidas
parece ser estar locamente enamoradas de otros cuatro tipos
masculinos. Que encima resultan ser nada atractivos como seres
humanos por no decir auténticos impresentables. El único algo
salvable desde un punto de vista moral es un tal “Forito”: un
alcohólico sesentón, feo y despeinado, que aburre a todos con sus
batallitas de cuando era gran fotógrafo taurino. Esto no habla bien
de la gama de hombres disponibles en el “mercado de la vida”, pero
tampoco dice mucho a favor de la capacidad femenina de encontrar la
felicidad por sí mismas sin agarrarse a cualquier cosa. Todas aquí
cifran su realización en esa única baza, la juegan con intensidad
egoísta y competitiva, y la alcanzan o no, en la medida en que
consiguen “atrapar” o “retener” a estos cuatro o cinco “pichis” que
las chulean sin recato. Nada propio de ellas seduce al espectador.
Nada hace pensar que realmente haya “vida” más allá de los romances,
ni que estas personas se puedan realizar en su trabajo,
intelectualmente, familiarmente... La moraleja parece ser: “Sin un
chuláncano detrás no hay hembra completa”. Esta tesis doctoral que
podía haber hecho estragos en pleno cine sesentero de la
“españolada” aparece firmada por una escritora que pasa ser una de
las vanguardias del progresismo feminista en nuestro país: la señora
Almudena Grandes.
La película, por lo demás, tiene factura de culebrón
televisivo, y en la directora y los actores se nota mucho
“amateurismo” y buena voluntad, por lo que no es justo cargar las
tintas. Ni siquiera contra una dirección artística que parece en
cada momento un catálogo de Ikea para arquetipos sociales, y nunca
casas habitables ni habitadas. La peli se deja ver, aunque
sorprenda, como entretenimiento válido “entre horas”. Pero a una
adinerada autora de best-sellers, sí se le puede pedir que no dañe
tanto la imagen de lo que presume que defiende. Y no es justo que
martirice a las personas de buena fe que creemos que las “guerras de
género” en el primer mundo son, aparte de un problema real,
distracciones interesadamente alimentadas por aquellos que no
quieren que hablemos de la verdadera batalla en el planeta. Que pasa
precisamente por los que quieren dividir, para vencer, a aquellos a
los que explotan y lobotomizan (por ejemplo con productos como
éste). Aquí no hay enfrentamiento de sexos como tal, pero sí se
quiere subrayar con trazo grueso la incomprensión de las damas por
los varones, haciéndonos pasar a todos por mandriles y a ellas por
idiotas. |