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Texto: Juan
Aguado
Febrero de
1945, Isla de Iwo Jima, monte Suribachi, cinco marines y un
sanitario del ejército estadounidense izan una bandera de su país
para arengar y subir la moral a las tropas tras la invasión de la
isla. Joe Rosenthal de Associated Press inmortaliza el momento en
una fotografía que le hará obtener el premio Pulitzer. Clint
Eastwood ha decidido hacernos llegar este momento desde el punto de
vista norteamericano en Banderas de Nuestros Padres y desde
el punto de vista japonés en Cartas desde Iwo Jima, que se
estrenará el próximo mes de Febrero.
Siempre ha
sido patente la influencia de ciertas imágenes que han determinado
en devenir real o ficticio de ciertos momentos en la historia. En la
conciencia estadounidense están otras dos imágenes de AP como la del
policía de Saigón Nguyen Ngoc Loan ejecutando a sangre fría a un
vietcong maniatado o la de la niña Nuynh Cong desnuda huyendo de un
ataque con Napalm, también durante la guerra de Vietnam. Las
fotografías no hacen que se ganen o pierdan guerras, pero influyen
enormemente en la opinión pública. Volviendo a Iwo Jima, la toma de
Rosenthal se politizó en extremo para intentar sufragar una guerra
del Pacífico que ya duraba demasiado y estaba consumiendo las arcas
de la nación americana. Era el momento de explotar al máximo la
conciencia de un pueblo crédulo en sus ideales de supuesta libertad
y usar esta estampa, según el biógrafo de Rosenthal, como “ …símbolo
de la diversidad de la vida americana”.
Tremendamente
efectiva en el plano visual, con unas escenas de desembarco que nos
sitúan en medio de la acción, rasgando un poco mas en el lado humano
que en el puramente sangriento de Salvar al soldado Ryan,
película, por cierto, que deseas que se acabe tras el desembarco,
pero tiene la desgracia de continuar. Banderas de Nuestros Padres
nace con la idea de no sólo ser una película de cine bélico, cosa
que logra de manera brillante, sino que también, y no podía ser de
otra manera, conociendo la trayectoria de Mr. Eastwood, indagar en
el comportamiento de los personajes reales, cómo eran y en qué se
convirtieron, a través de diversos flash-backs que se suceden a lo
largo de la película.
No goza de la
profundidad argumental (el hecho histórico es intrascendente para un
no norteamericano) ni estructural (saltos de tiempo a veces
confusos) de sus dos últimas obras maestras, las cuales le hacen un
flaco favor, pues ya esperamos demasiado quizás de Clint, pero es lo
que tiene malacostumbrar al espectador. Además los tres
protagonistas principales (Ryan Phillippe, Jesse Bradford y Adam
Beach) los supervivientes del izado de la bandera, demuestran
juventud y solvencia, pero no transmiten todo el sufrimiento y
horror que una guerra produce en unos veinteañeros normales y
corrientes. Son planos y arquetípicos, demasiado simples para el
creíble devenir de la historia, por lo que vemos un gran fallo en la
elección de los mismos. Por el contrario, el plantel de actores
secundarios es mucho más interesante con Jamie Bell o Barry Pepper
(que interpreta al jefe de la unidad Michael Strank muerto justo
después de hacerse la foto).
Por tanto
Banderas de Nuestros Padres es una película irregular, que hará
las delicias, por momentos, de los amantes del cine bélico y podrá
dejar indiferente al resto. |