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Texto:
Marcos
Ripalda
A Kafka le hubiese gustado este filme. Y es que tiene mucho de su
novela “El proceso”. La magnífica recreación que hace George Clooney,
productor y director de esta película, centrada en la Caza de brujas
que encabezó el senador Joseph McCarthy y su Comité de Actividades
Antiamericanas en los años 50, hubiera merecido más en cualquier
clase de ceremonia. Y no sólo en los Oscar de Hollywood. Pero es que
no es una película corriente, ni pretende serlo. Aunque aciertos hay
muchos, por supuesto. Desde la utilización inteligente de material
de archivo (esto ya lo hicieron, entre otros, el combativo Michael
Moore o el muy pelmazo Jean Luc Godard) hasta un cuidadísimo blanco
y negro, digno de los mejores docudramas de antaño (a excepción,
claro, de lamentables ejemplos tipo NODO, aquí mismo, en España, y
no hace tanto), y un tempo narrativo digno del mejor Clint Eastwood
o Michael Haneke. Del guión sólo puede decirse que es como un
acorazado, indestructible.
Si en su primer filme, Confesiones De Una Mente Peligrosa,
que pasó desapercibido en la cartelera, Clooney demostraba que tenía
intuición, en su segundo asalto cinematográfico demuestra que conoce
a la perfección los mecanismos de la narrativa cinematográfica.
En Buenas Noches, Y Buena Suerte hay muy pocos escenarios.
Todo el filme se desarrolla en interiores. La redacción, el plató,
el despacho del director de la CBS, el bar donde se reúnen los
periodistas ante su primera victoria y ensombrecida por una columna
de opinión. Y además no sabemos nada, o muy poco, de la vida
personal de sus protagonistas. Sólo que trabajan en la televisión
como periodistas y punto.
Que la historia recreada en el filme haya ocurrido de verdad da
mucho que pensar. Porque es un manifiesto a favor de la libertad de
expresión. Y es Edward R. Murrow, presentador de las noticias de la
“todopoderosa” CBS, interpretado por un excepcional David Strathairn,
el que reclama, frente al miedo y el recorte de las libertades
individuales, un espacio para pensar y hacer sentido. Murrow se
instauró como La Voz de buena parte de la prensa norteamericana de
la época. Sus discursos hicieron frente a las presiones corporativas
y de los patrocinadores para revelar las mentiras del senador
McCarthy. Y es que en estos tiempos de viñetas incendiarias,
afortunadamente sólo para algunos, no está de más recordarnos,
hacernos ver que no somos títeres de ningún gobierno, religión o
ideología. Como me temía, me salió el espíritu reivindicativo.
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