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Texto:
Marcos
Ripalda
Crash
es un filme que me deja frío, indiferente, a pesar de su cuidada
estética, de la rabiosa actualidad de lo que cuenta y del buen hacer
de sus actores. Cierto es que hay momentos que casi conmueve, con su
planteamiento de historias entrecruzadas. De hecho,
Crash
podría incluirse en la lista de películas corales deconstructivas,
aunque no en un puesto privilegiado.
Porque
no cabe duda de que Vidas cruzadas, de Robert Altman, basada
en relatos de Raymond Carver, Magnolia, de
Paul Thomas Anderson, o Gran Cañón, de Lawrence Kasdan, son
obras maestras en las que se entrelazan las historias y el
espectador es el que rellena los huecos, reconstruyendo la historia.
Pero, a diferencia de estos filmes, Crash, cuyo planteamiento
inicial es excelente, posee un guión al que se le adivinan los
costurones, y esto no implica necesariamente que nos adelantemos a
la narración y, por consiguiente, nos aburramos al eliminar el
factor sorpresa, sino que nos ubicamos ante un terreno trillado,
lleno de tópicos, en el que es bien sabido que todos somos cara y
cruz, que el policía racista es un buen policía y un buen hijo, que
el negro es racista contra el blanco y viceversa, que no todo el que
tiene cara de musulmán es un fundamentalista dispuesto a reventar un
vagón de tren, que el ama de casa blanca, pija toda ella, encuentra
su mejor apoyo, léase amiga, en una hispana que limpia el retrete de
la gente bien, que todos tenemos miedo a la diferencia, en resumen.
Eso sí, la metáfora implícita desde el propio título del filme,
“crash” (colisión), es muy acertada. Es cierto que chocamos para
sentirnos vivos. “Porque en Los Ángeles nadie se toca”, dice uno de
los protagonistas. La colisión, el roce surge aunque no lo
busquemos, es imposible evitarlo. La película, centrada sobre la
difícil aceptación del otro, narra la no menos complicada aceptación
de uno mismo.
La
cuidada edición de este DVD incluye un disco completo de extras
(fotos, entrevistas, making off, etc.), que hará las delicias
de todos aquellos más preocupados por el arte de la dirección y la
producción que por la pretenciosidad de la película misma, que se
revela audaz en su planteamiento, pero acomodaticia en las
resoluciones de sus diversas líneas argumentales. |