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Texto: Bálder Montesinos
¿Me acusarán de traidor a la nación si afirmo que la
película española preseleccionada para los oscar es un pestiño?
Bueno; al contrario de los que queman y atacan
ostentosamente símbolos patrios para sustituirlos luego por otros de
escala reducida, a mí el patriotismo sí que me causa verdadera risa
y repelús, con lo que o me resbalará la acusación o la ostentaré
como medalla: El orfanato es un auténtico pestiño en toda
regla.
La pregunta de verdad es qué tipo de opiáceo se estaban
fumado los egregios sabios de
la Academia
cuando escogieron esta chufa.
Suelo ser constructivo, respetuoso y compasivo con un film
cuando no dispone de medios en su producción o en su promoción, o
cuando las intenciones son loables. Pero aquí se han cremado
millones con desmaña con la única meta de engrosar más las barrigas
de los productores. Con un producto industrial prefabricado de boba
manufactura en su esqueleto pese a sus cuidados ornamentos. Este
artefacto recibirá una difusión y una atención de los medios que
hará que la gente acuda en manso tropel a dar su voto de confianza
en forma de ticket a que se siga dilapidando la maltrecha
cinematografía del país con propuestas tontas, y lo que es peor,
amodorrantes. Y todo esto pese a lo que podamos advertir los que ya
la hemos sufrido. Los ciudadanos preferirán pagar dinero para opinar
por sí mismos y con eso se creerán libres (!) Todos directitos a la
tela de araña. Los medios han hablado de algo y ya merece la pena
pagar para poder opinar. Y mientras, auténticas joyitas como
Media Luna o Cuatro minutos que podían haberle gustado a
casi todo el mundo no se han hecho acreedoras al derecho de ser
opinadas porque la hemos recomendado cuatro “mindundis” en vez de la
sonrisa-mueca de Jose Toledo o Raquel Revuelta.
El engendro comercial no aporta absolutamente nada nuevo al
género. Nada. Podría resumir y no mentir diciendo que es un mal
intento de repetir el éxito de Los otros mediante un burdo
calco-caricatura. Película modelo imitada, por cierto, que es
estupenda para ver… una sóla vez. Porque como en El sexto sentido
cuando ya se conoce el final entonces tiene nulo atractivo
revisionarla. Le pasa como a los largometrajes de intriga a lo
Agatha Christie donde la presunta gracia está únicamente en adivinar
quién es el asesino, lo que Hitchcock denominaba despectivamente –y
con razón- un “whodonit”. Frágiles obras con obvio y tentador
talón de Aquiles: su facilidad para desmoronarlas con un simple
destripe.
La receta de El orfanato: Con desgana bostezante se
mete en la “coctelera” una mansión grande semi abandonada como en
El resplandor, se la ilumina tenebrosa como en Los otros,
se adereza con niño que ve y habla con espíritus como en El sexto
sentido y con horribles muñecos antiguos al más puro estilo “Chuky”.
Después se agita el vaso con travelling lentos, las manidas
secuencias inacabables de la chica indefensa y llorona andando lenta
por la casa amenazante, el consabido marido escéptico y pesado que
no ve los fantasmas ni cuando los pisa, cuatro o cinco sustos de mal
gusto para que los jóvenes no se aburran con tanta espera, y una
banda sonora atronadora que es la que te hace levantarte de la silla
y no el predecible susto en sí. Se sirve en las copas de una Belén
Rueda que resulta aceptablemente creíble en contadas ocasiones y en
otras muchas no, y de un resto de elenco realmente desafortunado
salvo breve aparición de Geraldine Chaplin (de hacer Doctor
Zhivago y Cría cuervos a esto; la vida definitivamente es
cruel). Al niño actor también le salvo porque la criatura tendrá a
lo sumo 5 años. Finalmente, se toma el cóctel matarratas de un trago
sin pensárselo mucho… y a esperar sus efectos purgantes. El gusto
amargo que queda en boca es el inenarrable intento de hacer una
situación feliz y conmovedora de algo deprimente y patético.
Indigestas flatulencias.
Partimos de que no soy nada neutral. El género de Terror me
parece una droga más nociva para el cerebro humano que los “chinos”
de heroína. Si se admite sin objeción que el miedo es el origen
directo e indirecto de la mayoría de defectos, bloqueos y obstáculos
en la psique de las personas… ¿a qué intentar fomentarlo? Enfangarse
en mierda… ¿mola mucho? Para los intereses de los que gobiernan,
manipulan y manejan, vale, pero a ver quién me explica algún efecto
positivo de querer sentir pánico. Si lo que se desea es curarse uno
en salud aprendiendo a dominar la adrenalina, es más productivo
enfrentarse a horrores reales con diablos de carne y hueso. La calle
está llena, los templos más y los conjuntos residenciales de alto
standing para qué contar.
Ahora bien, si me meten un gol por la escuadra con cianuro
de tan buen acabado como La semilla del diablo, Al final
de la escalera, La invasión de los ultracuerpos o El
resplandor me callo, lo doy por válido, me quito el sombrero,
dos palmadas y a otra cosa, mariposa.
Las palmadas a los responsables de El orfanato no se
las daría precisamente en la espalda. ¡No, caramba, eso no! No seáis
mal pensados. Se las daría cariñoso en el culete. Detesto la
violencia. Incluso más que a una infumable peli de fantasmas.
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