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Texto: Juan
Aguado
Interior, habitación de un motel, noche. Dos personas
en la cama haciendo el amor. No sabemos quienes son, ni siquiera se
conocen entre ellos. No ha habido un pasado común, y por supuesto no
habrá futuro, sólo tienen el ahora, sólo se pueden apoyar en el
presente. Con tales premisas parte el segundo largo del joven
realizador chileno Matías Bize.
A priori puede parecer descabellado que solamente dos
actores sean capaces de llevar el peso de los 85 minutos que dura
En La Cama pero, en la práctica, esto no es así. Bize logra que
vayamos descubriendo matices, detalles de los personajes
precisamente en el momento justo. Vamos conociéndolos de la misma
forma en que se descubren el uno al otro, y no todo lo que van
viendo es como imaginaban. El sexo en la pantalla no es
necesariamente explícito, pero sirve de perfecto hilo conductor en
la historia. No está tratado de una manera banal y artificiosa, cosa
difícil de ver en el cine de hoy día, con honrosas excepciones como
Nine Songs de Michael Winterbottom o el caso que nos ocupa.
Además tanto Blanca Lewin como Gonzalo Valenzuela
escapan de estereotipos y clichés cinematográficos al uso para
mostrarse como personas de carne y hueso, con los miedos,
obsesiones, terrores infantiles y secretos que cualquier persona de
la calle puede compartir. Con unos diálogos frescos y sencillos, la
casi hora y media que dura la película se nos hace muy entretenida,
dejándonos con ganas de saber más de los personajes, qué es de
ellos, hacia donde desemboca su destino. Todo esto acompañado del
reto de la realización en una única localización con un punto de
vista muy personal por parte del director.
Extremadamente recomendable para todos aquellos a los
que les marcó Antes del Amanecer. |