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GRIZZLY MAN

(EL HOMBRE OSO)
Una película de Werner Herzog

Interpretada por: Timothy Treadwell, Jewel Palovak

 

 

 

 

 

 

Texto: Marcos Ripalda

 

El último trabajo de Werner Herzog es un documental atípico. Primero, porque es un documental en el que su realizador se descubre a sí mismo en su relectura del mecanismo  fílmico. Se trata de un singular estudio sobre la relación del hombre con su cámara, y del entorno con ese hombre que filma. El detonante de este proyecto fue Timothy Treadwell, un tipo que se llevó trece años conviviendo con osos grizzly aun sabiendo que lo podían matar. Que fue lo que pasó. Que lo mataron. Sus restos fueron encontrados junto con los de su novia en octubre de 2003. Segundo, porque el documental, aunque se detiene en las causas de su muerte, va mucho más allá. Se acerca al hombre que quiso ser oso. Un hombre que se convirtió en oso en las tripas de un oso de verdad. No hay nada de épico en su historia. Ni siquiera podemos afirmar que estuviese en sus cabales. Cierto es que ejecutó hazañas. A ver, si no, quién es el guapo o guapa que se acerca y le pega un cosqui al oso. Y ahora, dediquemos unos segundos a la materia de historia natural: el oso grizzly es una subespecie del oso pardo. O sea, de los más tochos. Puede medir más de dos metros y su peso alcanza los 400 kilogramos. O sea, una (mala) bestia. Y es que alguien que le toca el morro a uno de estos peluches en su territorio, pues qué les voy a contar.  

 

Treadwell, que grabó durante cinco años a los osos grizzly en una zona de la Reserva Nacional de Katmai, proporciona a Herzog el suficiente material para ejercer de columna vertebral del filme. Y descubrimos a dos realizadores minuciosos que saben muy bien dónde colocar la cámara. Herzog, además, pone voz a la narración y mantiene un pulso con Treadwell y su concepto de la Naturaleza. Se establece, de hecho, una verdadera discusión, aunque acabe siendo amistosa, pues el realizador se siente muy cercano a la tragedia de Treadwell. Una vez más, podemos afirmar que a Herzog, ese gran desconocido de las filmotecas, le van los chalados, los incomprendidos, los que se apartan o son apartados de la sociedad. O de los que persiguen un sueño. Ya me dirán si en su película Fitzcarraldo, por ejemplo, no estaba el protagonista un poco más para allá que para acá. Transportar un barco por la selva amazónica. Hasta ahí bien, pero ¿sin emplear el río? O qué decir de la sofocante Aguirre, la cólera de Dios, vaya conquistador ese Aguirre. Y es que Timothy Treadwell, que parece salido de un videoclip de chicos que saltan bancos y se deslizan por barandillas de edificios públicos, se autoproclama señor y protector de las bestias. Y se considera el elegido, el único que puede salvar a los osos de las agresiones del hombre, aunque no haya más peligros que el de su propia supervivencia.

 

La realización de este documental tuvo un principio. En 1999, la compañía Minolta le suministró a Grizzly People, la organización que Treadwell había fundado con su amiga Jewel Palovak, el material necesario para rodar el día a día de los osos. Pasó el tiempo y un oso se comió a Treadwell. Luego llegó Herzog, que, al parecer, así ocurren a veces las cosas, supo de la historia de este chiflado y de su fatal y previsible desenlace, por casualidad. Visitaba las oficinas de la productora Creative Differences y su director, Erik Nelson, le dio a leer un artículo. Herzog lo leyó y quiso hacerse cargo de la realización inmediatamente. Porque, según sus propias palabras, tuvo la sensación de que había “algo mucho más grande”, universal, en la historia de ese tal Treadwell. Y no se refería a los osos. Herzog quería dirigir su mirada a la naturaleza salvaje y, desde ahí, enfrentarla a los demonios de la naturaleza humana. Y vaya si lo consiguió.

 

Como espectadores podemos elegir. Timothy Treadwell. Hombre profundamente perturbado. Bipolar. Majadero. Genio atormentado. Ecologista comprometido. Ingenuo. Y respecto de esto último, hasta Herzog, narrador del filme, se pronuncia. Ay, que los osos grizzly son conocidos por su ferocidad como depredadores. Que no hace falta ser un especialista en el tema. Se trata de criaturas guiadas por el instinto a los que sólo les interesa comer y reproducirse. Y con eso tienen bastante. Así que, Treadwell, amigo, por qué tuviste que tocarle el hocico al oso lindo.

 

www.grizzlymanmovie.com

 

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