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EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE DE ROBERT FORD
Una película de Andrew Dominik

Interpretada por:
Brad Pitt, Casey Affleck, Sam Shepard, Mary-Louise Parker

 

 

 

 

Texto: Consuelo Sánchez Condés

 

O al director se lo olvidó indicarle a Brad Pitt que en el guión se describía a Jesse James como un hombre de 34 años que padecía una enfermedad (párpados granulosos) que le hacía pestañear continuamente o el actor que demostró en Kalifornia (dirigida por Dominic Sena) un engrose tanto físico como de interpretación bastante sorprendente, está perdiendo méritos tras su acomodada vida de familia inusual. Porque mantiene la mirada en cada escena, sin parpadear, mostrando el brillo de la astucia pícara que requiere el personaje, con esos destellos de juventud truncada, pero sin respetar la realidad de la historia.

 

Pero no es éste el personaje principal. La leyenda siempre ha narrado la vida del asaltador, como el héroe. Los bandoleros, a pesar de tener poca ética y menos escrúpulos, siempre resaltan, o son resaltados, como ejemplos de valor y coraje a seguir. Porque el valor es una cualidad inmejorable, que somos animales, y es la mejor destreza para sobrevivir en la vorágine de la vida. Y en contadas ocasiones, ocurre que alguien tiene la idea de centrarse en el antihéroe, y a veces da resultado cinematográfico. Un buen ejemplo sería El Gran Lebowski (Coen).

 

Aquí, el cobarde Robert Ford (vemos una evolución del personaje desde que comienza sus andanzas con Jesse James, cuando aún le llaman Bob Ford, hasta que se ha forjado como antípoda del criminal, pero de la mano del crímen) es el antihéroe. El valor en oposición a la cobardía, o viceversa.

 

Es una elegía a la traición. La amistad corrompida y transformada en enemistad. La admiración en repulsa. La confianza traicionada.

 

A veces, la película oscila entre un personaje y otro, obligándonos a discernir entre qué historia estamos viendo, si la del valiente o la del cobarde. Con una fotografía excelente (Roger Deakins), el hilo se ralentiza, y se enreda tratando de hacernos entender que no puede contarse la historia de uno sin la del otro. Y tras la muerte de Jesse, ya sólo quedan los remordimientos o el orgullo inidentificable, de Robert Ford humillado, cuyas escenas debían haber ocupado más parte de la cinta, y haber acabado con tanto protagonismo de los ojos sobreabiertos de Brad Pitt.

 

Casey Affleck, (que en ocasiones nos puede recordar a un joven Hugh Grant, en su mejor y más admirado papel en Remando al Viento, cuando todavía parecía prometer una carrera más independiente y menos comercial, con mejores papeles y con pocos escándalos de revista amarilla), se afianza como actor prometedor de gestos expresivos y mirada inocente y suplicante, a pesar de su paso fugaz y poco aplaudido por Ocean's Twelve y la secuela.

 

De manera que destacamos la fotografía y la interpretación del cobarde que se empieza a enfrentar con valor a proyectos cada vez más complicados y de menos consumo.

 

En resumen, muchos tiros para tan poco ruido.

 

 

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