|




|
Texto: Indalecio Machuca
Quien si no Spielberg podría hacer frente al proyecto de
revitalizar la legendaria novela de H.G. Wells, La Guerra de los
Mundos, 67 años después de que el cineasta Orson Welles se sirviera
de ella en un intencionado alarde de perversión que hizo que miles
de aterrorizados americanos pensaran que la Tierra estaba siendo
invadida por seres extraterrestres. Corría el año 1938, un joven
Orson Welles, consciente ya en los albores de la era de las
comunicaciones del increíble poder persuasorio que los medios de
difusión vendrían a tener, debió sospechar la magnitud de las
consecuencias que supondría la narración de la novela en un programa
radiofónico. Welles acertó en su propósito trasgresor de concebir la
adaptación como una sucesión de falsos boletines informativos que
detallaban una supuesta invasión alienígena, lo que intensificó el
realismo de tal extravagante circunstancia e hizo que la histeria
colectiva se propagara hasta el punto de buscar refugio en los
sótanos o disponer de toallas mojadas para protegerse del gas
venenoso de los invasores.
Después de la magnífica Minority Report, Spielberg y
Cruise, ambos figuras consagradas de la cinematografía actual,
vuelven a aunar su talento e indiscutible tirón comercial en una
película de ciencia ficción, aunque esta vez con resultados menos
satisfactorios. Una vez más, Spielberg parece haber sido tentado por
ese eterno afán suyo de enfrentar al hombre con lo sobrenatural y,
en este caso, con su temor de no poseer la exclusividad de la
existencia ni el control de la misma, además de llevarle a
defenderse de su propio desconocimiento tras el traumático giro en
su primitivo y egocéntrico concepto existencial. La Guerra de los
Mundos describe, además del extraordinario conflicto
interestelar que arrasa el planeta, la guerra particular de un
hombre divorciado que mantiene consigo mismo y de cómo las terribles
circunstancias le obligarán a actuar como un verdadero padre y a
replantearse su vida y la relación con sus hijos. Tom Cruise vuelve
a demostrar, como ya hiciera en Minority Report, que no es
sólo una estrella que luce por su apariencia y que necesita siempre
de un buen director, un buen escultor que le ayude a moldear el
personaje, puesto que la mayoría de sus interpretaciones parecen
figuras de arcilla a medio terminar. La pequeña actriz de nueve
años, Dakota Fanning, interpreta a la hija de Cruise con una
naturalidad que la hace destacar sobre el resto de las actuaciones,
incluso sobre la de Tim Robbins, que interpreta el papel secundario
de un personaje que ofrece cobijo y protección a Tom y su familia.
La película tiene algunas secuencias brillantes,
visualmente impecables, aunque huelgue mencionarlo dado el
presupuesto de este filme y la magnificencia de los efectos
especiales a la que nos tiene acostumbrados el cine actual. Pero
Spielberg, siempre impulsado por ofrecer innovaciones en este campo,
vuelve a sorprender al conjugar de una manera magistral el ingenio
con la técnica y realizar así secuencias igual de impresionantes
que imposibles, como la de la autopista, en la que se ve a Tom y a
sus hijos huir en un coche mientras la cámara hace gala de un plano
secuencia giratorio sencillamente espectacular.
Sin embargo, esta nueva versión del clásico de Wells,
tambalea y sufre al dispersarse por aburridos vericuetos en donde la
temática paterno-filial se instala como centro de la narración,
mientras que la terrible y sobrenatural circunstancia de una
invasión de extraterrestres parece absorberle la verosimilitud de
que precisa para enganchar al espectador.
|