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LA VIDA DE
LOS OTROS
Una película de Florian Henckel von Donnersmarck
Interpretada por: Ulrich Mühe, Martina Gedeck, Sebastián Koch,
Ulrich Tukur, Hans-Uwe Bauer, Thomas Thieme, Volkmar Kleinert. |
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Texto: María Luisa Ripalda
Quizá sea una debilidad. Lo admito. Pero las películas con historias
de personas que, estando inmersas en un devenir histórico
complicado, se sacuden la miseria moral reinante, siempre me han
gustado. Mediante ese gesto valiente o arranque de dignidad que les
redime, de paso, me reconcilian con nuestra especie. Y esta película
es una de ellas; y, por añadidura, bien hecha.
Mediante un desarrollo calculado y una sobria puesta en escena, esta
historia, situada en un pasado muy reciente, traslada al espectador
a un siniestro y claustrofóbico paisaje moral: el de la República
Democrática Alemana en los tiempos de la guerra fría. Su autor, y
nunca mejor dicho, puesto que es director y guionista de esta
película, un alemán de nombre muy compuesto, Florian Henckel von
Donnersmarck, realmente se ha lucido en ésta su ópera prima.
Con la ayuda del inconmensurable Ulrich Mühe y de sus bellos ojos de
océano anegado, el director urde una trama en la que los personajes
tienen que lidiar con la sordidez de una atmósfera viciada y enferma
impuesta por los pretendidos custodios del bien común. A Wiesler,
papel encarnado por Mühe, un miembro de la policía secreta del
régimen comunista -la temida Stasi- de probada eficacia y lealtad,
se le encarga la vigilancia de un intelectual sospechoso de actuar
contra el régimen. Este hecho servirá para conectar la vida de los
dos hombres.
Soberbio el retrato de la triste vida y soledad inmensa de este
personaje realizado por von Donnersmarck, con pincel certero y
minucioso, teniendo como telón de fondo una atmósfera gélida y gris,
reflejada tanto en los interiores como en las escenas rodadas en el
exterior. En este ambiente cargado de sospecha y de miedo, la
integridad de los personajes es puesta a prueba por un sistema que
favorece la delación -como arma de poder- con el fin de someter y
avergonzar a sus “protegidos”, en aras de un interesado y falso bien
común. Del resto de los actores -todos realizan una buena y
contenida interpretación-, resalta la potente actriz Martina Gedeck
y la credibilidad de Sebastian Koch.
Sin dejar de mencionar el merecido Oscar obtenido a la mejor
película extranjera, añadiría, por último, otra virtud de este
magnífico film: el particular homenaje artístico de von Donnersmarck
a la bondad; o quizá, para ser más preciso, a la capacidad de
transformación del hombre. Por supuesto, a mejor.
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