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Texto:
Marcos
Ripalda
Madre e Hijo
es una historia de amor en la que un hombre joven acompaña las
últimas horas de su madre. Sokurov sitúa a ambos en un
fantasmagórico paraje campestre donde viven aislados del mundo. Y
convierte la experiencia cinematográfica en una experiencia
pictórica, pues los 59 planos que la componen son verdaderos
cuadros, estructuras plásticas estables por sí mismas cuyo conjunto
forma una soberbia galería. La estética del filme está
confesadamente inspirada en lienzos de la escuela rusa y alemana de
principios del siglo XIX, donde el paisajismo romántico ofrece sus
mejores obras. Sokurov, con una exquisita y austera fotografía,
utiliza objetivos anamórficos para recrear un espacio donde el color
de los árboles y de las hojas, de la naturaleza misma se confunde
con la propia figura humana. El espectador ha de dejarse llevar por
la belleza cautivadora de las imágenes, por la belleza del hallazgo
y la contemplación de la vida y la muerte. Pero no sólo por las
imágenes, pues la banda sonora del filme desempeña un papel
esencial. Ningún sonido ha sido dejado al azar: el rumor del viento,
el vuelo de los insectos, el traqueteo de un tren en la lejanía,
algunos fragmentos de música clásica y hasta el graznido de los
cuervos responden a la necesidad de acumular símbolos, metáforas que
un cielo cargado de nubes como presagios acentúa.
Sokurov captura magistralmente y con una sensibilidad extrema el
enigmático devenir de la existencia. Es tan poco lo que se dicen
madre e hijo. Abrazados y despiertos, sueñan los mismos sueños. Una
perfecta simbiosis. La madre es atendida por su hijo con una entrega
y una devoción inmensas. El hijo, convertido en padre, cuida a su
madre, convertida en hija. Madre e hijo. Porque madre no hay más que
una. Y ahora, cuando el final inexorable los alcanza, el hijo está
sólo.
Muy recomendable el material adicional que acompaña a la película.
Sokurov nos habla de su concepción fílmica. Y no hay nada mejor que
recibir una clase magistral de su realizador.
Entre otros premios, el filme recibió el Premio Especial del Jurado
Ecuménico en el Festival de Berlín de 1997 y el Premio Andrei
Tarkovski en el Festival de Moscú del mismo año. |