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MADRE E HIJO

Una película de Aleksandr Sokurov

Interpretada por: Gudrum Geyer y Aleksei Ananishnov.

 

 

 

 

 

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Madre e Hijo es una historia de amor en la que un hombre joven acompaña las últimas horas de su madre. Sokurov sitúa a ambos en un fantasmagórico paraje campestre donde viven aislados del mundo. Y convierte la experiencia cinematográfica en una experiencia pictórica, pues los 59 planos que la componen son verdaderos cuadros, estructuras plásticas estables por sí mismas cuyo conjunto forma una soberbia galería. La estética del filme está confesadamente inspirada en lienzos de la escuela rusa y alemana de principios del siglo XIX, donde el paisajismo romántico ofrece sus mejores obras. Sokurov, con una exquisita y austera fotografía, utiliza objetivos anamórficos para recrear un espacio donde el color de los árboles y de las hojas, de la naturaleza misma se confunde con la propia figura humana. El espectador ha de dejarse llevar por la belleza cautivadora de las imágenes, por la belleza del hallazgo y la contemplación de la vida y la muerte. Pero no sólo por las imágenes, pues la banda sonora del filme desempeña un papel esencial. Ningún sonido ha sido dejado al azar: el rumor del viento, el vuelo de los insectos, el traqueteo de un tren en la lejanía, algunos fragmentos de música clásica y hasta el graznido de los cuervos responden a la necesidad de acumular símbolos, metáforas que un cielo cargado de nubes como presagios acentúa.

 

Sokurov captura magistralmente y con una sensibilidad extrema el enigmático devenir de la existencia. Es tan poco lo que se dicen madre e hijo. Abrazados y despiertos, sueñan los mismos sueños. Una perfecta simbiosis. La madre es atendida por su hijo con una entrega y una devoción inmensas. El hijo, convertido en padre, cuida a su madre, convertida en hija. Madre e hijo. Porque madre no hay más que una. Y ahora, cuando el final inexorable los alcanza, el hijo está sólo.

 

Muy recomendable el material adicional que acompaña a la película. Sokurov nos habla de su concepción fílmica. Y no hay nada mejor que recibir una clase magistral de su realizador.

 

Entre otros premios, el filme recibió el Premio Especial del Jurado Ecuménico en el Festival de Berlín de 1997 y el Premio Andrei Tarkovski en el Festival de Moscú del mismo año.

 

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