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MARÍA ANTONIETA
Dirigida por Sofia Coppola.

Interpretada por: Kirsten Dunst, Jason Schwartzman, Rip Torn, Judy Davis, Asia Argento, Marianne Faithfull, Danny Huston, Molly Shannon, …

 

 

 

Texto: Ruth Bautista

 

Sofía Coppola, Kirsten Dunst, María Antonieta. Tres nombres femeninos que se conjugan durante las dos horas de rigor para ofrecernos una película. Una película original, entretenida, insolente, incluso innovadora y moderna, pero no me atrevería a darle el calificativo de histórica. Pseudohistórica, podríamos decir, como las novelas que tan de moda están, donde cada uno coge los datos que le interesan y rellena los huecos a su antojo. Recuerdo un capítulo de Cheers en el que Norman y Cliff enumeraban, ante una potente jarra de cerveza, los anacronismos de una película de romanos que acababan de ver. En María Antonieta, más que anacronismos, que los hay, los estilísticos, aunque no como fallos, sino como atrevimientos formales, lo que encontramos en la crème de la sociedad europea del siglo XVIII son “americanismos” chirriantes. Ya desde el principio choca ver a una austriaca, llamada a ser reina de Francia, dando abrazos por doquier. Sofía, en Europa no damos abrazos, damos besos, dos, tres o cuatro, pero no abrazos, y menos si vas a ser reina, que entonces lo más probable es que solo ofrezcas tu mano con cierto gesto de desdén e incluso de asco para que un súbdito te la bese.

 

Aún así, María Antonieta nos ha gustado bastante. No es Lost In Translation, claro, que Sofía Coppola lo tenía difícil para salir del atolladero de continuar con su carrera tras una película que es casi de culto, al menos para quien esto escribe. Por eso lo más adecuado era cambiar totalmente de rumbo, y ha acertado. Ideas frescas, para un mundo viejo. La decadencia monarquía francesa de finales del XVIII al ritmo de The Strokes. Porque María Antonieta no es más que una ensoñación de Sofía, una ilusión, una mirada a un mundo que nos muestra a través de su propio filtro. Una imagen edulcorada de una adolescente de 14 años enviada a Francia para concretar una alianza y que crecerá hasta convertirse en un mito histórico.

 

Kirsten Dunst está magnífica, como casi siempre, representando con candidez a un personaje que en su época despertó fuertes antipatías y rechazo social, dentro y fuera de la corte. Pero Coppola prefiere centrarse en el lado más trivial de su persona, porque para ella una persona es ella y sus circunstancias. Y no es que Madame Déficit fuera juerguista y derrochadora, sino que simplemente fue una adolescente perdida en Versalles con todo al alcance de su mano. Y claro, qué iba a hacer la pobre, sino pasar su vida entre lujos y pasteles rosas.

 

María Antonieta se desarrolla al ritmo pausado y tranquilo al que Coppola nos ha acostumbrado ya, sin sobresaltos, pero salpicado aquí y allá con situaciones absurdas que enriquecen el guión y que liberan al espectador de la claustrofóbica opulencia del palacio de Versalles. Y la cinta termina cuando la reina ha alcanzado los 35, al comienzo de la revolución, y cuatro años antes de que viera rodar su cabeza con sus propios ojos. Que Sofía sabe que los últimos años de la reina y su delfín no son agradables de ver y estropearían el tono de la película. Tono que queda definido en la genial escena inicial, toda rosa chicle, of course, en la que María Antonieta te mira desafiante y relame la crème de un pastel de uno de sus dedos.

 

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