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Texto:
Consuelo
Sánchez Condés
Voy a contar el final de la película, porque esta
película lo merece: al final muere. O no, o ya llevaba toda la
película en ese estado... no lo sé muy bien.
Si la cándida
Rosemary Woodhouse de La Semilla del Diablo, de Roman
Polanski, hubiese tenido como vecinos, en lugar de a esos tétricos
habitantes, a las hermanas de este filme, no hubiera intentado huir
aterrorizada, simplemente hubiese evitado el interactuar con ellas;
nada de pedirles la sal, o el azúcar.
Por cierto,
indicar que el título original de la película, que se ha traducido
como Next Door, la puerta de al lado, es en realidad
Naboer, Vecinas
en danés. Pero si aquí se hubiera traducido así, hubiese perdido
quizás el enigma del qué hay tras esa puerta, para adoptar un cariz
más desenfadado, a la manera de algunas de las series de humor que
se suceden en nuestras pantallas caseras.
Si la
particularidad de los personajes inquietantes de
David Linch,
como el enano de
Twin Peaks, o
sus famosas cortinas de terciopelo, fuesen sustituidas por muros
a derribar o paredes que se retuercen como un laberinto, tampoco
tendríamos
Carretera
Perdida. Y
aunque el director Pål Sletaune haya tratado de crear una realidad a
partir de una aparente cotidianidad que se recrea de manera compleja
a partir de haber reconstruido esa existencia real; cosa que intenta
hacer mediante flashback,
intentando ordenar los puzzles mediante proyecciones en la memoria
del protagonista, Kristoffer Joner, no resulta que esta estrategia,
que tanto prometía de entrada, acabe por satisfacer al espectador.
Además, después de
un comienzo bastante normal, según se van sucediendo los sobresaltos
que a mitad de la cinta van complicando la trama, mientras se intuye
un final que podría resolver el misterio, de repente, nos hemos dado
cuenta de que todo está en la mente del personaje, de que tiene una
solución sencilla (y esto ocurre ya a la mitad). Aunque el final sea
trágico, la manera de ordenar las piezas es muy elemental, y
esperamos un vuelco que nos recobre una historia algo más
complicada. Para entonces, ya está todo perdido, porque la historia
se resuelve tan rápidamente como corre el filme: unos escasos 75
minutos, que hacen dudar de si faltaba guión y se arregla con esa
precipitación del final (tal vez no daba para más) o si agradecer
que acabe tan pronto.
Se estrena el 13
de julio, pero se rodó en el 2005... Al final muere.
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