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ODETTE, UNA COMEDIA SOBRE LA FELICIDAD
Una película de
Eric-Emmanuel Schmitt
Interpretada por:
Catherine Frot, Albert Dupontel, Jacques Weber, Fabrice Murgia, Nina Drecq, Camille Japy, Alain Doutey, Julien Frison, Laurence D´Amelio, Aïssatou Diop, ….

 

 

 

 

 

Texto: Ángel Morán Paredes

 

El mundo del cine nos ha mostrado en varias ocasiones personajes fantásticos capaces de levitar, elevándose del suelo y volando por encima de tejados, chimeneas, hasta surcar el cielo y llegar a las nubes, para arrastrarnos a mundos lejanos e imaginarios. Todos recordamos a Mary Poppins con su paraguas y su maleta, o a Peter Pan ayudándose del polvo de hada, pero ambos empleando la felicidad como ingrediente principal para conseguir levitar, y eso es precisamente lo que le sobra a Odette Toulemonde (Catherine Frot), una viuda cuarentona que trabaja en la sección de cosméticos de unos grandes almacenes. Esta Mary Poppins del siglo XXI se sirve de la literatura de su escritor favorito, Balthazar Balsan (Albert Dupontel), para llenar su trivial vida de felicidad, haciéndole levitar y surcar los cielos de su pintoresca ciudad. Pero lo que diferencia a Odette de esos personajes es la conciencia que tiene en todo momento de que esa desbocada felicidad puede ser dañina, de ahí que necesite recordar en cada momento: “Tranquila, Odette, tranquila”.

 

Esta peculiar mujer ha surgido de la mano de Eric-Emmanuel Schmitt, admirador desde niño de Walt Disney, que pretende dar una lección al espectador y hacernos ver que la felicidad no debe ser buscada, sino que es algo intrínseco al ser humano. Lo que Odette nos enseña con su particular visión del mundo es que la felicidad consiste en conocerse a uno mismo y aceptarse como tal. Ella no tiene aparentemente nada que le pueda hacer feliz (es viuda, su trabajo no es el que le gustaría ejercer, sus hijos no mantienen una buena relación), sin embargo lo es, y su misión es transmitir al resto de la humanidad ese mensaje, como buena redentora, de ahí las constantes alusiones y comparaciones con Jesucristo. No obstante, la vida de Odette sufrirá un revés cuando se cruce con la de su antagonista y admirado escritor Balthazar Balsan, quien teniendo todo lo necesario para ser feliz (fama, dinero, mujer e hijo), no lo es, pues aún no ha asimilado el éxito de sus libros entre los ciudadanos medios mientras que los críticos literarios aborrecen su obra. La vida de estos dos náufragos tan opuestos se cruzará inesperadamente, para contagiarse mutuamente.

 

Con esta película, de gran éxito en Francia (donde ya ha recaudado más de 4 millones de euros, a pesar de la fría acogida de los críticos franceses), el aclamado y galardonado autor de teatro y novelas como El señor Ibrahim y las flores del Corán, Eric-Emmanuel Schmitt, se pone por primera vez detrás de las cámaras, para crear esta deslumbrante y realista fábula sobre la felicidad. La idea original de esta bella historia parte de una experiencia personal del propio director durante una estancia en Alemania para asistir a unas conferencias, donde inesperadamente recibió la carta de una admiradora en la que le declaraba todo su amor, lo que hizo al escritor salir de la depresión en la que se encontraba en aquellos momentos.

Lo único que se le puede achacar a esta mágica película es el decreciente interés que va adquiriendo la historia a partir de la unión de los dos personajes principales. Sin embargo, el admirable trabajo de los dos actores protagonistas consigue mantener al espectador enganchado al devenir de esos personajes tan cotidianos en los que se puede ver identificado. Son actores reconocidos en Francia y que llevan muchos años trabajando. Catherine Frot (La cena de los idiotas, Una pareja perfecta, Escapando y Después de la vida) es la actriz perfecta para encarnar a esa mujer torpe, cuarentona, divertida y hermosa, a la que le gusta dejarse llevar por la imaginación, como medio evasivo, para hacer que los objetos que tiene alrededor suyo vuelen mientras ella baila y canta como si una banda de jazz estuviera atrapada dentro de su cuerpo. El encargado de darle la réplica y encarnar al escritor depresivo es Albert Dupontel, actor, director y escritor francés, al que pudimos ver en películas como Irreversible o Largo domingo de noviazgo.

 

Es muy destacable todo el trabajo técnico, artístico y la dirección de fotografía de la película, que consiguen otorgar una estética colorista, viva y positiva a los escenarios en los que se mueven los personajes de esta comedia romántica y musical. Y sobre todo hay que mencionar la notable labor del italiano Nicola Piovani, que de nuevo ha acertado en la composición de la banda sonora musical de esta fábula de realismo mágico, una historia sencilla en la que habitan personajes con unos corazones enormes. Es inevitable comparar esta comedia sobre la felicidad con otros títulos franceses de estos últimos años de bastante similitud, como Venus salón de belleza (Tonie Marshall, 1999) o Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001), comedias románticas llenas de buenos sentimientos en las que la fantasía y la cotidianidad se dan la mano, consiguiendo despertar en el espectador las ganas de sonreír y ser feliz.

 

 

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