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Texto:
Bálder Montesinos
Estupenda oferta. Persépolis es original y
deliciosa; una apuesta arriesgada e inteligente; una excelente
película histórico-política para toda clase de públicos; el drama
épico de un pueblo y la tragedia íntima de una familia y una chica
contados de modo tierno, irónico y ameno; la imprescindible
aportación de una iraní al mundo en este 2007; y un divertidísimo
filme a la vez comercial y de autor cuyo único defecto acaba a la
larga siendo una virtud.
1. Original;
apuesta arriesgada e inteligente:
No es frecuente apostar por unos dibujos animados en blanco y negro
para narrar la autobiografía de una joven que sirve como reflejo de
su sociedad. Tampoco elegir un tono de epopeya irónica, de
comedia-drama al hacerlo.
Cuando no se dispone de excesivo presupuesto: ¿cómo rodar
una historia donde se resuma la trayectoria de un país en el último
siglo, donde salgan las calles de Teherán enmarcando tramas que
aquel gobierno prohibiría, donde aparezcan multitudes, escenas de
acción, sketches humorísticos, ensueños delirantes...? El medio
elegido –desde el autoexilio en Francia- es la respuesta al reto y
un refrescante ejemplo a seguir. Pero todo es más sencillo en el
fondo; simplemente se han pasado al formato de animación los
exitosos cómics editados en Francia por la autora, Marjanne Satrapi.
Una de esas mujeres, como las “Isabeles” Coixet o Allende, que
desarman indistintamente a varones y hembras con inteligencia, buen
humor y humanidad.
2. Excelente
película histórico-política para toda clase de públicos:
Tanto un niño de
10 años como un anciano de 90 pueden acabar conociendo y
comprendiendo sin un sólo bostezo los hechos fundamentales que han
desembocado en el temido y mal conocido Irán actual. Desde una
mirada amplia.
Todas las películas históricas o políticas están hechas
desde la perspectiva subjetiva de sus autores. Satrapi no miente a
nadie y muestra con honestidad tanto su militancia dentro de un
izquierdismo feminista de aire occidental como los personales
acontecimientos familiares que le empujaron a ello casi sin
posibilidad de elección. Pero no opta por un fácil maniqueísmo ni
por la apología de lo contrario a lo que combate, sino más bien por
firmes crítica y autocrítica constructivas. Incluso concede a la
revolución islámica de 1979 cierta razón de ser en su momento y
circunstancias. Es decir; la propuesta deliberadamente proselitista
de su mensaje es de esas tan astutas y bien presentadas que hasta
sus detractores tendrán que empezar concediéndole que no dice
ninguna mentira o tontería y a partir de ahí tratar de matizar.
Michael Moore o Al Gore reconocerían en la autora a una alumna
aventajada del documental “incómodo” con gancho para masas.
Despliega un “fair play” sin tufo sectario que puede llegar a ser un
referente a largo plazo para una deseable transición política en su
país.
3. El drama de un
pueblo y la tragedia íntima de una familia y una chica:
El largometraje
tiene esa virtud del mejor cine de David Lean -¡¡casi nada!!- de
lograr perfecto equilibrio entre la rica descripción del entorno
donde todo ocurre sin descuidar la intensidad emocional de las
vivencias propias. Un macrocosmos realzando al microcosmos sin
ahogarlo. Simultáneamente y sin liarnos somos testigos privilegiados
de la terrible evolución de Irán, de la familia Satrapi y de la
propia Marjanne. Y sus vivencias amorosas juveniles resultan a la
postre tan interesantes y vívidas como las conversaciones con sus
mayores o los grandes acontecimientos nacionales. Se mantiene a la
vez la vibración épica de una superproducción y el intimismo creíble
del buen cine independiente.
4. Divertidísima:
La
autora del cómic y guionista acaba contagiando su visión demoledora
y escéptica, ironizando sin piedad sobre todo y todos, pasando sin
miramientos su lupa incluso sobre sí misma. Acabamos riéndonos a
carcajadas no sólo de las costumbres iraníes sino también de las de
aquí, de los hombres y las mujeres ejerciendo de tales, del mal
carácter de Marjanne y de la idiotez de sus compañeros, del Shah y
de los que le depusieron, de los hippies y los indies, de los Bee
Gees y Iron Maiden, de Dios y de Marx, de slogans y frases hechas de
toda proveniencia, de las narizotas de los persas… Siendo tremendo
lo que se está contando, es difícil que transcurran dos minutos sin
una sonrisa en el rostro.
5. Su único
defecto me parece una virtud:
Y es que esta persona tiene tanto que contar y compartir que la
película no da respiro y la información y transmisión es generosa y
densa. Padece de una expresividad incontenible. Pasan muchas cosas
interesantes y sobre todas planea una óptica no menos interesante y
lúcida. El formato de 100 minutos se queda manifiestamente corto
cuando el material habría dado para una extraordinaria serie. Esto,
en un primer visionado, puede resultar casi abrumador; llega un
momento en que es difícil mantener tal nivel de atención y se escapa
algún detalle. Pero es que es de esas simpáticas obritas que invitan
a ser vistas más veces para disfrutar de esos puntos que a la
primera se escaparon. Persépolis se sabe especial, deja
huella, y está concebida para permanecer décadas en la memoria del
espectador y en las tarimas de su videoteca.
6. Aportación de
una iraní al mundo de 2007: Llega en un momento inmejorable. Cuando EEUU a la cabeza de Occidente
se frota las manos de nuevo con otra anunciada invasión que potencie
sus negocios y el saqueo del crudo persa. Con noticias sesgadas se
demoniza Irán para justificar la nueva tropelía. Se nos presenta a
los ciudadanos de Teherán como unos barbudos fanáticos con piedras
en las manos, pasando la tarde de lapidación en lapidación al estilo
“La vida de Brian”. Y a ellas como pobres víctimas analfabetas y
resignadas en manos de sus maridos. Bien, aquí comprobamos que si
nadie puede defender el execrable régimen de los ayatollahs (no más
execrable que al menos cien gobiernos corruptos apoyados,
financiados y armados por la misma UE), los iraníes del siglo XXI no
son tan distintos a las acobardadas familias españolas bajo la
dictadura franquista. Y este Cuéntame lo que pasó de calidad
enseñará al resto del planeta la perogrullada de que casi nadie cree
allí lo que se predica; que los jóvenes follan, se drogan y beben
como aquí; que muchas esposas llevan los pantalones –literal y
metafóricamente- en sus matrimonios; o que la joven mujer de Teherán
es aparte de culta, moderna y urbanita alguien con idénticas
inquietudes intrascendentes que una chica de Alcobendas sólo que
llevando velo obligatorio por la calle. Cuando los misiles
sobrevuelen sus cabezas y los “Urdacis” de turno nos den frías
cifras de “daños colaterales” ya será tarde para engañar porque
muchos habrán puesto rostro al “enemigo” en los oscuros y
entrañables ojos de estos dibujos animados.
(7.
Como anécdota,
señalaré que Persépolis es la apuesta francesa para los Oscar
mientras la española es la taquillera El orfanato,
coincidente en las pantallas… A veces, ya el simple hecho de tener
que comparar es sonrojante.)
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