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TAXIDERMIA
Una película de
Györgi Pálfi
Interpretada por:
Csaba
Czene, Gergõ Trócsányi, Marc Bischoff, Adél Stanczel, István
Gyuricza, Pirska Molnár y Gábor Máté …. |
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Texto:
Bálder Montesinos
Cuando uno está ante un grupo extraño de gente del que no
quiere ser excluido, lo normal es que intente llamar la atención de
algún modo, probablemente pavoneándose de alguna anécdota divertida,
algo exagerada y aderezada, con la que empezar a ganarse aprobación
y estima. Cuando uno quiere publicitar un producto y no cuenta más
que con un espacio veinte segundos insertado dentro de otros quince
anuncios, no tiene más remedio que inventarse algo estrambótico y
llamativo con lo que captar a la desesperada la atención del incauto
televidente. Cuando una filmografía tan desconocida e inédita como
la húngara trata de abrirse camino en la intrincada selva del cine
mundial, es comprensible que intente hacer aspavientos parecidos
para quedarse en la memoria de los productores y el público. Y en
este sentido, nada como recurrir al género de la comedia
escatológica y morbosa. Terreno donde se han dado desde películas
pasadas de artificio, efectismo y oquedad como Delicatessen
(muy exitosa), hasta una pequeña gran joya como la canadiense
Leolo (injustamente menos exitosa, aunque de culto).
Taxidermia
tiene, por desgracia, mucho más de la primera que de la segunda; y
es que también se centra más en la complacencia con lo fácilmente
escabroso y anecdótico que en los aspectos humanos subyacentes tras
esos enganches hacia la atención del público. Como en
Delicatessen, las imágenes son hipnóticamente atractivas; y el
ritmo, en este caso pausado pero no lento, no consigue aburrir pese
a que el guión lo intenta desesperadamente a base de falta de ideas
y reiteraciones. Eso sí, siempre quedarán al final tres o cuatro
anécdotas repugnantemente explícitas que quedan muy socorridas para
comentar en reuniones con amigos cuando no hay otro tema con el que
rellenar espesos silencios. Y eso no estaría mal, si no fuese porque
en esa reunión estarían poco recomendados como acompañamiento los
callos, sesos o gallinejas. O porque a alguno de esos amigos,
emocionado y despistado, se le puede ocurrir llevar al cine a ver
esto a una novia impresionable y sugestiva, y maltratarla
psicológicamente de un modo aún no tipificado en los códigos
penales.
Metido en estas tres historias de otros tantos miembros de
una saga de antihéroes húngaros, uno espera quizá un retrato
generacional de distintas décadas del pasado siglo; un repaso
macro-microcosmos a la trayectoria histórica del país y sus efectos
en los pequeños grandes dramas de ciudadanos anónimos; una
transposición al "realismo mágico" de todo esto, o algo así. Pero el
director se detiene en hacer un espectáculo visual de calidad al
servicio de un cine Gore de aceptable factura que no acaba de
machacar del todo al que no es "freakie" aficionado al género, ni
consigue cabrear a la crítica, complaciente con todo lo que suena
alejado de lo ñoño. Esto es porque, usualmente, la gente que
escribimos sobre cine somos un gremio inmaduro, atrapado en la edad
del pavo, que, como si aún tuviéramos quince años, tratamos de
impresionar a nuestras poco duraderas parejas demostrándoles lo
duros que somos porque nos gustan más Kitano y Tarantino que
Sonrisas y lágrimas o My fair lady. Debe ser que estoy
madurando y ya no puedo dedicarme a esto (o me estoy volviendo ese
término tan políticamente incorrecto de "mariquita") porque me quedo
sin dudarlo con las segundas. Taxidermia me entretuvo cien
minutos, y ya mañana no recordaré que alguna vez vi una película
hecha en Hungría.
De Lubitsch, mira por dónde, aún no me he olvidado.
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