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Texto: Juan
Aguado
Reinterpretación del cine de monstruos, sí señor, con The Host
nos encontramos ante una maravillosa reinterpretación de un tipo de
cine categorizado como menor, de culto, serie Z o como
quieran llamarlo. Pues aquí no nos damos de bruces con la vacuidad
argumental de un Godzilla al uso que siempre tiene hambre,
sino con una indescriptible mutación orgánica que no es más que un
pretexto para hacer una pequeña reflexión sobre el inhumano mundo en
el que vivimos, cómo desde nuestra cómoda e inexpugnable burbuja nos
dejamos llevar sin rumbo fijo, mientras la vida se desarrolla ahí
fuera.
Con una puesta
en escena demoledora, la aparición del “bicho” devolverá a la cruda
realidad a una familia normal de Seúl. Personas normales que,
puestas en una situación extrema, se verán obligadas a dar ese paso,
mucho más psicológico que físico, para afrontar sus temores, vencer
sus remordimientos y seguir adelante.
Menos
recargada y con un pie de más puesto en el mundo real que otra de
las sensaciones coreanas de los últimos años como es la fascinante
Oldboy de Chan-Wook Park, The Host demuestra los
cuerpos de ventaja que lleva el cine asiático en su concepto, y el
coreano en particular, a la cinematografía occidental. No existe
ningún tipo de tapujo argumental, de cualquier idea aparentemente
descabellada, se relata una historia sin prejuicios, el ritmo es
sencillamente trepidante, pero no es caótico ni desordenado y a
nivel visual, pues qué queréis que os cuente. Con los apuntes
ciertos de comedia para descargar un poco toda la tensión, carece de
escenas en las que, a priori, haya que taparse los ojos
(afortunadamente, no tenemos mutilación dental, como en la cinta de
Park) pero no deja de ser cruda por momentos.
En este punto
de la reseña, uno me puede parar y decir: “Pero es que los monstruos
como el de The Host no existen, por lo que el argumento no es
creíble”… pues claro que bichos como este no existen, pero debemos
ir más allá, igual que una amenaza irreal como esta, existen miles
que pueden acecharnos cada día y que pueden hacer que despertemos de
nuestro acomodaticio letargo.
¿O sí existen?
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