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Texto:
Stenzes Bantê
A
mí me ha gustado. Les cuento. Se me antojó verla mientras compraba
un ratón para el portátil. Me sorprendí absorto frente a la imagen
de un robot amarillo que saltaba por los aires y caía sobre unos
coches en una de esas teles gigantes con resolución de pena.
Supongo que el impacto de los efectos especiales me embotaron el
seso. Esto, unido al Home Cinema de oferta, el Dolby Surround,
sonido envolvente por tropecientos canales, y el calorcito del
Carrefour me tenían atontado, seguro, y fue por eso, probablemente,
que me dije pues compro el DVD, y la edición especial, tonterías las
justas, dos discos, para ver el cómo se hizo y las entrevistas,
aunque confieso haber visto sólo la película, a gusto, eso sí, para
qué más, con esa mezcla de tontería
teenager
y épica palomitera de amigos para siempre. Porque la historia es una
chuminada, cierto, pero el tono épico de la historia, ya digo, y ver
a esos camiones, coches deportivos, helicópteros y demás aparatejos
convertirse en robots, amén de la curradísima técnica, que ya no es
novedad, por cierto, cuando uno se contentaba con la serie de
dibujitos, eliminaron todo ápice de escepticismo. Además había niñas
monas, malos malísimos, redimidos tontolabas, jóvenes con tal potra
que deberían canalizarla en la bonoloto semanal, héroes que vuelven
a casa por Navidad y robots espectaculares que hacen mucha pupita. Y
mucha emoción controlada, por supuesto. Que los buenos ganan. Pero
que no se confíen. Que esto promete segunda parte. Larga vida
Optimus Prime.
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