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EL PESO EN GRAMOS DE LOS COLIBRÍES

Gonzalo Calcedo Juanes

Editorial Castalia

Año 2005

 

Texto: Marcos Ripalda

 

A esta recopilación de nueve cuentos se le otorgó el pasado año el XV Premio Tiflos de Cuento, que organiza la ONCE. Calcedo, que ha ganado también dos veces el Premio NH, al mejor libro inédito de cuentos y al mejor cuento presentado en solitario, se dedica a escribir buenos cuentos. Tiene un currículum que así lo demuestra, sobre todo con La Madurez De Las Nubes (1999), libro que contiene doce joyas del cuento español contemporáneo. Su autor demostró aquí que sabía escribir, por ejemplo, como Carver. Es conciso, seco, sobrio. Y puede que en ocasiones parezca no suceder nada en sus relatos. Grave error, claro, porque una vez acabada la lectura, queda asumirla, pensarla. Y es cuando la aspereza en el calcetín nos hace entender que podemos perder un pie.

 

Calcedo tiene buen pulso narrativo y lo mantiene sabiamente. Sabe qué cosas ocultar y qué insinuar. Porque una de las reglas de oro de un buen cuento es que no lo diga todo. O que diga demasiado, que las reglas están para saltárselas, que no es el caso. El cuento para Calcedo es una instantánea de la convivencia entre desconocidos. Un momento, por tanto, que no es ni banal ni anecdótico. El problema es que con El Peso En Gramos De Los Colibríes su escritura se ha ido amargando porque ha perdido frescura. Son buenas historias, sí, pero podrían serlo mucho más. Los personajes de Calcedo se definen por lo que hacen y son muy cinematográficos. No hay apenas espacio para la descripción ni tiempo para los alardes poéticos o la introspección. Hasta aquí vamos bien. El problema reside en que a Calcedo se le ha ido la mano en algunos cuentos y ha antepuesto el rizo a la sobriedad. Me explico: descubrimos su voluntad de contar bien por las costuras, por ese músculo incómodo que hace que ciertos relatos, como los de Hemingway, pierdan su eficacia expresiva. En estos casos, el cuento terminado pasa a ser un cuento con andamios.       

 

Calcedo es fundamentalmente un escritor de cuentos. Porque cuando le da por alargarlos, como en La Carga De La Brigada Ligera (2004), el resultado es descorazonador. En la obra que nos ocupa hay dos cuentos excelentes: “¿Para qué sirve la nieve?”, un estupendo fresco de la voluntad del hombre frente a la adversidad y “Caridad”, ideal para los que aún creen en las buenas acciones. En cualquier caso, en la mayoría de sus cuentos siempre hay un elemento que desentona en la escena que nos describe o que se nos hace extraño y paradójico, como si estuviésemos contemplando un cuadro de René Magritte.

 

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