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Texto:
Marcos
Ripalda
A esta
recopilación de nueve cuentos se le otorgó el pasado año el XV
Premio Tiflos de Cuento, que organiza la ONCE. Calcedo, que ha
ganado también dos veces el Premio NH, al mejor libro inédito de
cuentos y al mejor cuento presentado en solitario, se dedica a
escribir buenos cuentos. Tiene un currículum que así lo demuestra,
sobre todo con La Madurez De Las Nubes (1999), libro que
contiene doce joyas del cuento español contemporáneo. Su autor
demostró aquí que sabía escribir, por ejemplo, como Carver. Es
conciso, seco, sobrio. Y puede que en ocasiones parezca no suceder
nada en sus relatos. Grave error, claro, porque una vez acabada la
lectura, queda asumirla, pensarla. Y es cuando la aspereza en el
calcetín nos hace entender que podemos perder un pie.
Calcedo tiene
buen pulso narrativo y lo mantiene sabiamente. Sabe qué cosas
ocultar y qué insinuar. Porque una de las reglas de oro de un buen
cuento es que no lo diga todo. O que diga demasiado, que las reglas
están para saltárselas, que no es el caso. El cuento para Calcedo es
una instantánea de la convivencia entre desconocidos. Un momento,
por tanto, que no es ni banal ni anecdótico. El problema es que con
El Peso En Gramos De Los Colibríes su escritura se ha ido
amargando porque ha perdido frescura. Son buenas historias, sí, pero
podrían serlo mucho más. Los personajes de Calcedo se definen por lo
que hacen y son muy cinematográficos. No hay apenas espacio para la
descripción ni tiempo para los alardes poéticos o la introspección.
Hasta aquí vamos bien. El problema reside en que a Calcedo se le ha
ido la mano en algunos cuentos y ha antepuesto el rizo a la
sobriedad. Me explico: descubrimos su voluntad de contar bien por
las costuras, por ese músculo incómodo que hace que ciertos relatos,
como los de Hemingway, pierdan su eficacia expresiva. En estos
casos, el cuento terminado pasa a ser un cuento con andamios.
Calcedo es
fundamentalmente un escritor de cuentos. Porque cuando le da por
alargarlos, como en La Carga De La Brigada Ligera (2004), el
resultado es descorazonador. En la obra que nos ocupa hay dos
cuentos excelentes: “¿Para qué sirve la nieve?”, un estupendo fresco
de la voluntad del hombre frente a la adversidad y “Caridad”, ideal
para los que aún creen en las buenas acciones. En cualquier caso, en
la mayoría de sus cuentos siempre hay un elemento que desentona en
la escena que nos describe o que se nos hace extraño y paradójico,
como si estuviésemos contemplando un cuadro de René Magritte. |