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Texto:
Marcos
Ripalda
Una magnífica
selección de cuentos siempre es una buena noticia. Y Escritura y
Verdad. Cuentos Completos, de Medardo Fraile, es una inmejorable
forma de acercarse al cuento con mayúsculas. “El álbum”, “Punto
final” o “El mar” son obras maestras del cuento contenidas en este
volumen. Y que en nada envidiarían a piezas clásicas del género
escritas por Borges, Matute, Cortázar, Ayala o Aldecoa.
El genial
Augusto Monterroso ha dicho en más de una ocasión que Medardo Fraile
es el mejor cuentista español. Y un ilustre de nuestras letras, José
María Merino, lo llama el “apóstol” del cuento español. Y así
podemos seguir hasta casi aburrirnos. Y, sin embargo, a Medardo no
se le conoce. Vamos, que su fama, para bien o para mal, no es como
la de Antonio Muñoz Molina o la de Francisco Umbral. Yo tuve la
suerte de toparme con él, no con él físicamente, claro, que vive en
Escocia, sino con sus cuentos, en unos cursos de escritura creativa
impartidos por Ángel Zapata, autor también de buenos cuentos, que
prologa este volumen. La única pega que se le puede encontrar a esta
vasta colección de cuentos es su sosa maquetación. Que también el
diseño ayuda a que la letra entre sin sangre.
Medardo en sus
cuentos no fuerza la narración, no la hace ostentosa, todo fluye
como si cada palabra fuese la única. Y éste es el secreto de sus
cuentos, del cuento universal. Medardo, al que entrevisté con motivo
de la edición de esta obra, considera que para escribir un buen
cuento hay que detenerse en una calle y mirar. Así de fácil. Y
poseer una mirada particular sobre el mundo, matiza.
Los cuentos de
Medardo no superan, en su mayoría, las cuatro o cinco páginas. Y es
que este autor es un apasionado de la brevedad. Y palabras no le
faltan, por supuesto, pero prefiere, al escribir, “la expresión
justa”. La narrativa de Medardo alcanza la perfección del fotógrafo
en el momento de captar ese momento, único e irrepetible, que nos
hubiésemos perdido o ahorrado si no hubiese estado allí. Por eso es
una literatura comprometida con el propio acto de escribir, es
decir, consciente de sí misma, y con la que se inicia la modernidad
en el cuento español de mediados de los cincuenta, apartándose de
los relatos costumbritas de escritores como Miró, Cela o García
Pavón.
Para Medardo,
en el cuento, “como en la mejor poesía o en el teatro de Chejov, por
ejemplo, es tan importante lo que se dice como lo que se calla, es
decir, uno escribe también los silencios”. Amén.
Breve
biografía:
Medardo Fraile
nace en Madrid en 1925. Inicia su carrera como dramaturgo y fundador
de Arte nuevo, primer teatro de ensayo de la posguerra, y es autor
de libros de ensayo y de una novela Autobiografía, así como
de la obra teatral breve El Hermano, varias veces televisada
y reeditada. Ha recibido el Premio Sésamo (1956), el Premio de la
Crítica (1965), el de La Estafeta Literaria (1970) y el de la Hucha
de Oro (1971), y ha sido becado por las fundaciones Juan March
(España, 1969) y Carnegie (Escocia, 1975). En 1988 obtuvo el premio
Ibáñez Fantoni de Periodismo. Es catedrático emérito de la
Universidad de Strathclyde (Glasgow) y actualmente reside en el
Reino Unido. |