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Texto:
Marcos
Ripalda
Quien haya leído A Sangre Fría sabrá que es una gran
novela escrita por Truman Capote. Una novela de las que dejan
huella. Y el caso que nos ocupa, La Canción Del Verdugo,
similar a ésta en la forma adoptada por su narrador, puede
considerarse una digna heredera de la denominada novela de
no-ficción o novela-reportaje, término que hizo célebre Tom Wolfe a
mediados de los sesenta, y que le valió al escritor estadounidense
Norman Mailer la obtención del Premio Pulitzer en 1980.
La extensa
novela se centra en los últimos nueves meses de vida de
Gary Gilmore, quien fue ejecutado en Utah en 1975 por haber cometido
dos asesinatos a sangre fría. La ejecución de Gilmore fue la
primera en los Estados Unidos desde la reimplantación de la pena de
muerte.
Mailer adopta un tono neutral y actúa como un “recopilador”
de informaciones diversas: recortes de prensa, declaraciones
judiciales, entrevistas a prestigiosas publicaciones, etc. Y todo
este magma se solidifica en torno a la férrea estructura de una
novela que no deja indiferente al lector. Porque Gilmore pasó 18 de
sus 35 años en prisión. Porque fue incapaz de reinsertarse en la
sociedad que lo condenó. Porque un día perdió el juicio y dijo hasta
aquí hemos llegado. Porque la lucha de Gilmore por que se cumpla la
sentencia dictada se convertirá en un revulsivo para el puritano
inconsciente colectivo americano.
La lectura de esta gran novela se ve dificultada, sin
embargo, por la deficiente traducción realizada por Anagrama. A
pesar de crear neologismos imposibles y hacer traducciones literales
que resultan ridículas, merece la pena dejarse arrastrar por Mailer
en este minucioso relato sobre la condición humana, el peso de los
medios de comunicación, el complejo sistema judicial, la pena de
muerte y la incomprensión de todos, entre otras muchas cosas más. |