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Texto: Salvador
Ventura Camino
Últimamente me
veo en la obligación, de reconocer los éxitos de los editores por la
capacidad de ganar dinero, que los éxitos de los escritores por
introducir un texto original en el panorama actual literario. Desde
que el Best Seller apareció en las librerías, se consagró un género
de novelas con argumentos impactantes, estructura de guión
cinematográfico, personajes planos, lectura rápida y lenguaje no muy
complicado. Desde mi punto de vista esta fórmula, que no ha influido
en la literatura más allá de la mera aventura o entretenimiento, ha
dado honor a su nombre de "best seller" y ha hecho ricas a
editoriales y escritores con inyecciones cortas y abundantes de
dinero. Por lo que yo llego a recordar, hay grandes escritores de
este género, como Michael Crichton, que vende sus libros con los
ojos cerrados, con una idea original y una documentación bastante
extensa se provoca la compra del libro y los derechos del mismo para
el cine, con lo que se acaba felicitando al editor y al escritor por
el buen rato que hemos pasado... Aunque este género no es mi
preferido, su estructura funciona.
Recientemente,
todo esto esta cambiando. El marketing nos esta llevando a recibir
novelas mediocres que se convierten más tarde en películas
mediocres. Estas novelas, tienen una salida económica y publicitaria
muy importante que se recupera en las ventas ampliamente. Se está
dando oportunidades a escritores nóveles con temas y novelas
realmente malos y poco documentados, pero con una buena proyección
económica. Este es el caso de El Código Da Vinci, cuya
crítica nos podía dar para varias páginas, o el de este libro que
estaría a la par con la novela de Dan Brown. En cualquier caso, no
sé si el nivel de exigencia del lector ha bajado considerablemente o
si realmente el editor sabe hacer muy bien su trabajo. Por todo esto
he de felicitar y regañar a los editores: felicitarlos por el dinero
recibido y hacer bien su trabajo. Regañarlos por publicar un trabajo
mediocre y dar la oportunidad a estos autores a realizar secuelas
absurdas; velar por una cierta calidad dentro de la literatura y
aconsejar a los autores es también parte de su trabajo y, ahí, están
suspendidos.
Dicho esto,
embarquémonos en el viaje lento y en ocasiones lleno de transbordos,
del libro que nos ocupa. Refiriéndome a la fórmula que he mencionado
antes, en este libro se ven varias influencias, ingredientes y
buenas intenciones que solo se quedan en eso: intenciones y lo que
es peor, malogradas intenciones. Parece que esta autora, de la que
solo podemos saber que esta licenciada en la Universidad de Yale y
que ha ganado un premio de poca relevancia por este libro, ha
aprendido muy bien la teoría literaria. Ha bebido de los clásicos y
ha tomado lo mejor de algunos de ellos o, al menos, es lo que me
parece. La estructura de la novela es semejante al Drácula de
Bram Stoker: cartas, diarios y relaciones de amistad y parentesco,
aunque, en la novela de Kostova, no sale muy bien parado dicho
libro. Como segundo ingrediente tenemos unas referencias históricas
a situaciones y libros ficticios que se hacen pasar por reales. Este
recurso, ya lo creó H.P. Lovecraft en sus Mitos de Chtulhu
para motivar a sus personajes en la investigación. No obstante
Kostova nos esconde los datos y la información de una forma bastante
ingenua y torpe sin sugerir ni provocar a la mente, que vuele libre
por tenebrosos misterios o descabelladas imágenes como pasa con las
novelas de Lovecraft. En cuanto a los personajes, si he decir que
las relaciones entre los más principales son más profundas, mejor
construidas y justificadas que en otros libros de género. No
obstante, cuando se trata de los secundarios, no encontramos con
casualidades demasiado azarosas y en algunos casos llevadas al
extremo. Es el caso, por ejemplo, del linaje y el parecido de la
madre de Helen o la casual aparición del Profesor Bora. Como tercer
ingrediente y germen de la novela, tenemos un libro misterioso, unas
desapariciones, la historia inconclusa de Vlad Tepes y el
Vampirismo. Este ultimo tema bastante trillado y que hace bastante
peligroso su inclusión si no se introducen nuevas imágenes o se
crean nuevas reglas.
Estos
ingredientes que, me parecen absolutamente válidos y muy buenos para
escribir una novela, se van malogrando a lo largo de las 698 páginas
que tiene el texto. Como últimamente estamos viendo en las novelas
de este género, tenemos un principio que llama bastante la atención
y que introduce un ambiente bastante misterioso y macabro. Este
comienzo, junto con los anteriores ingredientes, podría haber
llevado a escribir una novela de misterio o terror con muchísimos
elementos que inquieten y enganchen al lector. Sin embargo, todo se
convierte en una descripción superflua de lugares y bibliotecas,
viajes y libros, donde se dan con cuentagotas y cuando la trama no
da para más, elementos misteriosos y macabros que sigan aumentado el
interés del lector.
Pero nos hemos
olvidado, como la autora, y no he de reprocharlo porque Bram Stoker
lo hizo en su novela, del personaje más importante y el eje sobre el
que gira la trama: Drácula. El primer error que comete Kostova es el
de dar por hecho que conocemos con exactitud la vida de Drácula y el
entorno histórico de la época. Con estos datos, podría reconducir el
libro a una novela histórica que ahora están tan de moda y que daría
honor a su título. Tras las 698 páginas, sólo nos deja claro una
cosa sobre la vida de Vlad Tepes: "Cometió muchas atrocidades, asó
viva a gente, y empalo a sus propios sirvientes" y “que aprendió
todo esto en la juventud del pueblo otomano”. Pero de las
motivaciones exactas o razones del personaje histórico no sabemos
nada. Ni siquiera se atreve a elucubrar. En cuanto nos enteramos que
el vampirismo existe y que Drácula esta vivo con una historia
desconocida sobre su muerte mortal, no solo no aprovecha para dar
una nueva visión del vampirismo, sino que además en algunos momentos
es terriblemente clásica pero en otros momentos se olvida de estas
reglas, según le conviene a la autora para salir del atolladero. En
definitiva, nada nuevo bajo el sol (ay, perdón).
Por otro lado
nos encontramos con un Drácula con personalidad plana y cuya
implicación en el mundo y afición ni esta clara, ni tiene mucho
sentido dado sus poderes, su historia, y su maldad. No nos documenta
absolutamente nada de él ni de su maldición. En resumen, uno de los
recursos más sugerentes, aunque más gastados, como es el vampirismo,
es utilizado a la ligera y sin ninguna regla clara que subraye lo
sobrenatural.
Lo
supuestamente nuevo sobre la historia de Drácula y que lleva a los
personajes a moverse para desentrañar el misterio que envuelve al
personaje, es pobremente documentado, sugerido en demasía al lector,
con lo que lo has adivinado tres paginas antes de que se diga. El
lector histórico siente lo absurdo del motivo del viaje histórico,
la zona y sus peligros, y la carga que portaban dichos viajeros que
la portan sin más confundiendo al santo con el demonio y viceversa.
El final del
libro es otro desastre como el de El Código Da Vinci, en el
que esta claro que hay prisa por terminar y en el que las
casualidades, el azar y la tolerancia del lector llegan a rayar el
límite. De hecho, se deja muchos flecos sueltos en esta novela y sus
justificaciones son realmente increíbles.
He de subrayar
el buen sabor que deja el epílogo del libro y la pregunta de por qué
no se planteo escribir este libro desde el punto de vista de
Drácula.
La valoración
final es: una buena idea, buenos ingredientes, una cocción
extremadamente larga, una presentación mediocre aunque sea en plato
cuadrado con una ramita de menta y un gusto bastante soso. Solo me
queda decir, que tengo curiosidad por ver si la adaptación de la
novela al cine; ya que el contrato está firmado antes de la
publicación del libro, como pasó con El Código Da Vinci,
rehará la receta para darle mucho más sabor y color. Esperemos que
en la próxima novela, Elizabeth Kostova sepa cocinar un poco mejor.
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