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LA HISTORIADORA

Elisabeth Kostova

Umbriel Editores

Año 2005

 

Texto: Salvador Ventura Camino

 

Últimamente me veo en la obligación, de reconocer los éxitos de los editores por la capacidad de ganar dinero, que los éxitos de los escritores por introducir un texto original en el panorama actual literario. Desde que el Best Seller apareció en las librerías, se consagró un género de novelas con argumentos impactantes, estructura de guión cinematográfico, personajes planos, lectura rápida y lenguaje no muy complicado. Desde mi punto de vista esta fórmula, que no ha influido en la literatura más allá de la mera aventura o entretenimiento, ha dado honor a su nombre de "best seller" y ha hecho ricas a editoriales y escritores con inyecciones cortas y abundantes de dinero. Por lo que yo llego a recordar, hay grandes escritores de este género, como Michael Crichton, que vende sus libros con los ojos cerrados, con una idea original y una documentación bastante extensa se provoca la compra del libro y los derechos del mismo para el cine, con lo que se acaba felicitando al editor y al escritor por el buen rato que hemos pasado... Aunque este género no es mi preferido, su estructura funciona.

 

Recientemente, todo esto esta cambiando. El marketing nos esta llevando a recibir novelas mediocres que se convierten más tarde en películas mediocres. Estas novelas, tienen una salida económica y publicitaria muy importante que se recupera en las ventas ampliamente. Se está dando oportunidades a escritores nóveles con temas y novelas realmente malos y poco documentados, pero con una buena proyección económica. Este es el caso de El Código Da Vinci, cuya crítica nos podía dar para varias páginas, o el de este libro que estaría a la par con la novela de Dan Brown. En cualquier caso, no sé si el nivel de exigencia del lector ha bajado considerablemente o si realmente el editor sabe hacer muy bien su trabajo. Por todo esto he de felicitar y regañar a los editores: felicitarlos por el dinero recibido y hacer bien su trabajo. Regañarlos por publicar un trabajo mediocre y dar la oportunidad a estos autores a realizar secuelas absurdas; velar por una cierta calidad dentro de la literatura y aconsejar a los autores es también parte de su trabajo y, ahí, están suspendidos. 

 

Dicho esto, embarquémonos en el viaje lento y en ocasiones lleno de transbordos, del libro que nos ocupa. Refiriéndome a la fórmula que he mencionado antes, en este libro se ven varias influencias, ingredientes y buenas intenciones que solo se quedan en eso: intenciones y lo que es peor, malogradas intenciones. Parece que esta autora, de la que solo podemos saber que esta licenciada en la Universidad de Yale y que ha ganado un premio de poca relevancia por este libro, ha aprendido muy bien la teoría literaria. Ha bebido de los clásicos y ha tomado lo mejor de algunos de ellos o, al menos, es lo que me parece. La estructura de la novela es semejante al Drácula de Bram Stoker: cartas, diarios y relaciones de amistad y parentesco, aunque, en la novela de Kostova, no sale muy bien parado dicho libro. Como segundo ingrediente tenemos unas referencias históricas a situaciones y libros ficticios que se hacen pasar por reales. Este recurso, ya lo creó H.P. Lovecraft en sus Mitos de Chtulhu para motivar a sus personajes en la investigación. No obstante Kostova nos esconde los datos y la información de una forma bastante ingenua y torpe sin sugerir ni provocar a la mente, que vuele libre por tenebrosos misterios o descabelladas imágenes como pasa con las novelas de Lovecraft. En cuanto a los personajes, si he decir que las relaciones entre los más principales son más profundas, mejor construidas y justificadas que en otros libros de género. No obstante, cuando se trata de los secundarios, no encontramos con casualidades demasiado azarosas y en algunos casos llevadas al extremo. Es el caso, por ejemplo, del linaje y el parecido de la madre de Helen o la casual aparición del Profesor Bora. Como tercer ingrediente y germen de la novela, tenemos un libro misterioso, unas desapariciones, la historia inconclusa de Vlad Tepes y el Vampirismo. Este ultimo tema bastante trillado y que hace bastante peligroso su inclusión si no se introducen nuevas imágenes o se crean nuevas reglas.

 

Estos ingredientes que, me parecen absolutamente válidos y muy buenos para escribir una novela, se van malogrando a lo largo de las 698 páginas que tiene el texto. Como últimamente estamos viendo en las novelas de este género, tenemos un principio que llama bastante la atención y que introduce un ambiente bastante misterioso y macabro. Este comienzo, junto con los anteriores ingredientes, podría haber llevado a escribir una novela de misterio o terror con muchísimos elementos que inquieten y enganchen al lector. Sin embargo, todo se convierte en una descripción superflua de lugares y bibliotecas, viajes y libros, donde se dan con cuentagotas y cuando la trama no da para más, elementos misteriosos y macabros que sigan aumentado el interés del lector.

 

Pero nos hemos olvidado, como la autora, y no he de reprocharlo porque Bram Stoker lo hizo en su novela, del personaje más importante y el eje sobre el que gira la trama: Drácula. El primer error que comete Kostova es el de dar por hecho que conocemos con exactitud la vida de Drácula y el entorno histórico de la época. Con estos datos, podría reconducir el libro a una novela histórica que ahora están tan de moda y que daría honor a su título. Tras las 698 páginas, sólo nos deja claro una cosa sobre la vida de Vlad Tepes: "Cometió muchas atrocidades, asó viva a gente, y empalo a sus propios sirvientes" y “que aprendió todo esto en la juventud del pueblo otomano”. Pero de las motivaciones exactas o razones del personaje histórico no sabemos nada. Ni siquiera se atreve a elucubrar. En cuanto nos enteramos que el vampirismo existe y que Drácula esta vivo con una historia desconocida sobre su muerte mortal, no solo no aprovecha para dar una nueva visión del vampirismo, sino que además en algunos momentos es terriblemente clásica pero en otros momentos se olvida de estas reglas, según le conviene a la autora para salir del atolladero. En definitiva, nada nuevo bajo el sol (ay, perdón).

 

Por otro lado nos encontramos con un Drácula con personalidad plana y cuya implicación en el mundo y afición ni esta clara, ni tiene mucho sentido dado sus poderes, su historia, y su maldad. No nos documenta absolutamente nada de él ni de su maldición. En resumen, uno de los recursos más sugerentes, aunque más gastados, como es el vampirismo, es utilizado a la ligera y sin ninguna regla clara que subraye lo sobrenatural.

 

Lo supuestamente nuevo sobre la historia de Drácula y que lleva a los personajes a moverse para desentrañar el misterio que envuelve al personaje, es pobremente documentado, sugerido en demasía al lector, con lo que lo has adivinado tres paginas antes de que se diga. El lector histórico siente lo absurdo del motivo del viaje histórico, la zona y sus peligros, y la carga que portaban dichos viajeros que la portan sin más confundiendo al santo con el demonio y viceversa.

 

El final del libro es otro desastre como el de El Código Da Vinci, en el que esta claro que hay prisa por terminar y en el que las casualidades, el azar y la tolerancia del lector llegan a rayar el límite. De hecho, se deja muchos flecos sueltos en esta novela y sus justificaciones son realmente increíbles.

 

He de subrayar el buen sabor que deja el epílogo del libro y la pregunta de por qué no se planteo escribir este libro desde el punto de vista de Drácula.

 

La valoración final es: una buena idea, buenos ingredientes, una cocción extremadamente larga, una presentación mediocre aunque sea en plato cuadrado con una ramita de menta y un gusto bastante soso. Solo me queda decir, que tengo curiosidad por ver si la adaptación de la novela al cine; ya que el contrato está firmado antes de la publicación del libro, como pasó con El Código Da Vinci, rehará la receta para darle mucho más sabor y color. Esperemos que en la próxima novela, Elizabeth Kostova sepa cocinar un poco mejor.

 

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