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Texto:
Ruth Bautista
La última novela
del popular escritor norteamericano Paul Auster se titula La
Noche del Oráculo y supone un derroche de imaginación y
creatividad. En ella conjuga sus señas de identidad más
características con una prosa rápida y ligera, que logra que te
deslices por la obra a una velocidad vertiginosa, a pesar del
recargamiento en su contenido.
Se trata de una
novela con claros tintes autobiográficos, muchos de los cuales ya se
presentan frecuentemente en sus trabajos anteriores. Con esto,
Auster consigue volcar a su personaje en la realidad en cada
párrafo, pues es alguien que ya conocemos de hace tiempo. Reitera
elementos habituales: el personaje principal es un escritor (en
otros casos detective) en busca de una historia, se presentan de
nuevo los viajes a Francia, con parada en París y trayecto final a
una granja del sur del país; y los alterna con elementos nuevos, más
recientes y poderosos, como la relación de rechazo de su hijo a su
segunda mujer, que aparece ficcionada en la novela.
Crea además una
historia circular, un relato dentro de la novela, con el que da un
toque genial a su prosa, ya de por sí brillante. Como es habitual,
cada página se presenta con el suspense de ser la página central y
principal de la obra, tan solo para dar una vuelta de tuerca una vez
se ha desvelado su misterio y continuar con un ritmo in crescendo
de principio a fin. Sin embargo, este recargamiento de la estructura
y del contenido, no conlleva un recargamiento en el lenguaje, que
aparece sencillo y permite una lectura del libro en versión original
sin demasiadas complicaciones.
Con todo ello,
Auster publica una novela de gran contenido dramático. El
contrapunto cómico lo provoca un personaje, el vendedor de un bazar
asiático, y todas las situaciones en las que él aparece.
Sin dudas, una
de las mejores novelas de Auster.
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