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Texto:
Marcos
Ripalda
Afortunadamente las hay. Escasas, eso sí. Me refiero a editoriales
que publiquen cuentos. Páginas de Espuma, por ejemplo. Aunque el
cuento es la forma narrativa por excelencia en la literatura
norteamericana actual, en la patria de La dolce vita
televisiva no parece haber espacio para él. Y esto ocurre a pesar de
Borges, Cortázar, Aldecoa, Ferlosio, Baroja, Matute, Fraile, Calcedo,
Marsé o Aub, que escribieron o escriben en castellano.
Ángel Zapata es un escritor madrileño que imparte clases en talleres
de escritura, donde, si se asiste con convicción, se pude uno llevar
a casa un montón de nombres y apellidos que luego buscará en las
librerías u obtendrá en las bibliotecas, que son muchas, y no están
tan escondidas ni en sitios tan recónditos, para el regocijo o
lucimiento chapístico personal. Pero no nos desviemos. La vida
ausente es un libro de cuentos donde su autor demuestra que
puede escribir bien, muy bien. Y encima escribir lo que se le
antoja. Porque de cuento estándar hay poco, a excepción del cuento
que le da título, y tampoco. A Zapata lo mismo le da por el humor
surrealista que por la memoria histórica. Así de simple. Y ésta es
su cruz y su virtud.
Porque, ahondando, ya digo, en la narrativa no estándar, le da por
el surrealismo, que está muy bien, o por el humor absurdo (que
siempre va dirigido a algún lugar, claro, y ahí están las obras de
Beckett o Ionesco para demostrarlo), y lo pone francamente difícil.
O muy fácil, créanme. Pero no soy dado a recordar mis sueños. Eso
que me pierdo. En cualquier caso, leer es estar ocupado en nada. Y
huir de la nada es el objetivo de este libro que construye su
sentido ladrillo a ladrillo, con la argamasa de esas metáforas
acertadísimas que abundan en sus páginas.
Para escritores primerizos o escritores que se estén quedando en el
dique seco, recomendamos su manual de escritura La práctica del
relato y el ensayo El vacío y el centro (Tres lecturas en
torno al cuento breve), donde hace un estudio pormenorizado y un
tanto sesudo de cuentos de Sam Shepard, Medardo Fraile y Ana María
Matute. Imprescindibles.
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