| |
Texto: Alberto
Sánchez Guerrero
Con una prosa que envuelve, con unas metáforas sutiles pero
sorprendentes, con ternura pero a la vez con fuerza, con ritmo
apasionado, pero con algo de catástrofe oculto en sus palabras, así
es como se presenta el que fuera primer libro de este escritor
americano. Un libro lleno de sensualidad y espiritualidad, pero a la
vez desgarrador. Sutil en cuanto a su manera de transmitir
situaciones pero duro con la historia que nos quiera hacer llegar.
Las Vírgenes Suicidas es uno de esos libros que se disfrutan
leyendo a un ritmo calmado, devorando sus paginas, una por una, con
tranquilidad, disfrutando al máximo de las historias que se
alternan, conociendo a los personajes, empapándose de los paisajes.
Una historia envolvente donde uno no sabe de parte de quién esta, en
el que a pesar de que desde sus primeras páginas uno ya sabe como va
a acabar, disfruta con cada frase con cada minuto derramado sobre
las hojas de este libro.
En el seno de una familia católica ferviente tendrán que
sobrevivir cinco jóvenes de entre 13 y 17 años donde, y sin motivo
aparente, una a una irán sucumbiendo en las garras del suicidio.
Pero Las Vírgenes Suicidas no es sólo la historia de las
hermanas Lisbon, sino que a través de la reconstrucción de la
historia de estas, se irán montando la historia de aquellos
personajes próximos a ellas, bien sea en la escuela, bien sea en el
vecindario, donde viven como auténticos excéntricos para el resto,
pero como increíbles diosas para un grupo de jóvenes que
hipnotizados por la belleza de las chicas, hacen de esta historia un
mito imborrable para sus vidas y una historia conmovedora pero
desgarrante para nosotros. Es un libro que no indaga en el suicidio,
que no busca culpables que no busca el crear una historia dramática,
sino que es una novela que indaga en el lado oscuro de la familia
norteamericana, en lo complicado de las relaciones personales y en
los hábitos sociales de un vecindario de clase media-alta.
Jeffrey
Eugenides escribió su primera novela en 1993 destacando como una de
las grandes promesas de finales del siglo pasado y que fue llevada
al cine en 1999 por Sofia Coppola, que también se inauguró en el
mundo de la dirección cinematográfica con esta adaptación. Pero el
éxito le llegaría con su obra Middlesex en el año 2002
ganadora del premio Pulitzer de ficción. |