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Texto:
Marcos
Ripalda
Fue un best seller y, probablemente, lo vaya a seguir siendo.
Una buena campaña de marketing, una buena colocación entre las
novedades editoriales más jugosas y cualquier libro cuela. Ya me
dirán El Código Da Vinci, si no. Pero con Seda no
importa, aunque dé coraje. Porque es un librito muy apañado. Lo lees
del tirón, no lo sueltas. Total, para lo que me queda, te dices. Y,
además, hay una buena historia. Transparente. Al alcance de
cualquier lector.
He leído Seda tres veces en los últimos seis años. Y no deja
de sorprenderme. No la historia misma, sino su forma de ser
revelada. Con un lenguaje conciso y sencillo, sin apenas
descripciones. Sólo el hueso roído. Con un lenguaje que invita a
seguir leyendo por su facilidad para calar en el lector. Y ahí está
la trampa, tendida con maestría por el autor de Tierras de
cristal. Porque esta brevísima novela cuenta una historia. Y
todo lo demás queda fuera. Y decir algo más es herirla de muerte.
Baricco, que fundó en 1994 la escuela Holden de escritura, como
homenaje al protagonista de
El guardián
entre el centeno, dota a su narración de un ritmo
extraordinario.
Silencio.
Seda
es un viaje. En el transcurso de ese viaje surge todo lo demás.
Luego, la quietud.
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