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UN MUNDO PARA JULIUS

Alfredo Bryce Echenique

DeBolsillo

2004

 

Texto: Marcos Ripalda

 

Novela dotada de una escritura muy vitalista, irónica, canallesca, con muy mala leche, vamos, y todo ello, las palabras bien dispuestas, disfrazado con episodios tiernos y memorables de la infancia de ese niño ricachón, Julius, esa semilla de futuro cabrón en potencia, niño sensible, por ahora, rodeado de ricachones y ricachonas sensibles a su manera y darlings y mucho majadero, que abunda. Y es que este Julius es un niño millonario, aunque lo suficientemente niño como para no ser un cabronazo, así que borremos lo de más arriba.

Ay, cómo vive la clase pudiente limeña, oye, y cómo viven los que tienen menos y aspiran a más o no aspiran, que cada cual con lo suyo, o a lo suyo, y a por lo de todos los demás, si se puede, aunque no.

 

Un mundo para Julius es muy disfrutable, entre otras cosas, por ese desfile de tipos entrañables, mezquinos, mariconas, estúpidos de postín, amas de casa petardas o petardeadas, obreros que se cagan de risa, amos que se cagan en todo lo cagable, que para eso pueden y son los señores, conste, y niños, y no tan niños, muchos niños, sobre todo niños, que por ahí empezamos todos, riquitos, algunos muy riquitos y otros menos, que aunque sean ricos siguen siendo niños. Y aunque la mirada del autor no es amable ni necesariamente caricaturesca, para qué forzar la situación si es el prodigioso retrato de los personajes lo que hace que se definan, se delaten a sí mismos. Porque Echenique, que hace un magnífico ejercicio de memoria y recreación de la infancia, sabe perfectamente cómo separar los detalles significativos y significativamente prontos a convertirse en literatura, esa buena literatura orientada a todos los públicos, con la clase de agudeza por la que los que escribimos, mal que nos pese, venderíamos nuestra alma a Satanás.

 

Esta novela, hito de la literatura peruana del siglo XX, que fue escrita en 1970, corre el peligro de tomarse como una novela humorística, que lo es también esencialmente, porque atesora entre sus páginas una acumulación de momentos cómicos importantes. Sin embargo, sobre las aguas de esa comicidad hay cadáveres que se pudren, que lo cómico bien resuelto siempre da qué pensar. Echenique puede recordar, en algunos pasajes, a las fábulas de Mendoza o la narrativa del genial Luis Landero, pero, sobre todo, este estudio sobre la condición humana, cerrado en sí mismo, recuerda, por la recreación de ese universo de la oligarquía peruana tan reconocible y peculiar, al Macondo de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, pero sin realismo mágico que valga.

 

Derechos Reservados Octubre 2005 © www.plataforma21.com e-mail: contacto@plataforma21.com